[manual para descomponer un pájaro invisible]. Palomino.

I.

un zumbido azul se dobla en triángulos

(ignora la sed: es un truco)

las sílabas del aire muerden

al sol dormido bajo una uña

II.

no hay cuerpo.

solo viento disfrazado de hueso

y un tambor que late por error

la dirección no existe.

pero todos los caminos sangran luz líquida

que no quiere tocarte

III.

::::::¿cuánto pesa un adiós que no ha nacido?::::::

la luna mastica conchas vacías

y cada crujido es un idioma sin dios

ni gramática

IV.

si un círculo llora

se vuelve espiral.

si una espiral canta

se abre el pecho del tiempo

y adentro

solo hay eco

que se olvida a sí mismo.

V.

los relojes a veces respiran

(y eso debería preocuparnos)

pero tú,

tú sigues tratando de traducir

el parpadeo

de una roca

que jamás aprendió

a cerrarse.

Max Palomino.

Ilustración: Niño con perro. Pablo Picasso. 1905.

1 comentario en “[manual para descomponer un pájaro invisible]. Palomino.”

  1. Me gustó mucho la pieza ya que es una pieza profundamente evocadora que recurre al lenguaje surrealista para explorar temas como la existencia, el tiempo, el lenguaje y la imposibilidad del sentido. Es como si empuja al lector a asumir una postura activa de interpretación. Este poema te ofrecer certezas, el texto se presenta como un laberinto de imágenes que interrogan más de lo que responden. Que es algo que me gustó mucho
    Desde su primer verso, “un zumbido azul se dobla en triángulos”, el poema declara su independencia del mundo lógico. La metáfora apunta a un universo donde los sentidos se entrecruzan, y donde el lenguaje ya no busca representar la realidad. Esta ruptura semántica prepara el terreno para una meditación sobre lo inefable: aquello que escapa a la estructura del lenguaje humano.El verso “ignora la sed: es un truco”, yo creo que sugiere que incluso nuestros deseos más profundos son ilusorios, o al menos, manipulables.y es una idea que es recurrente a lo largo del poema: la sospecha de que la realidad es un artificio, un juego de percepciones y símbolos vacíos. Se desdibuja la diferencia entre lo real y lo mental, entre el cuerpo y el viento, entre el lenguaje y el silencio.

    En el verso “no hay cuerpo. /solo viento disfrazado de hueso”, la identidad corporal es despojada de su concreción. El cuerpo ya no es carne, sino viento: algo que pasa, que no permanece. Este motivo se repite cuando aparece el verso de “un tambor que late por error”, lo que puede leerse como una metáfora del corazón o de la vida misma: algo que late, no por voluntad, sino por accidente.El tiempo, por su parte, es retratado como una entidad casi viva en “los relojes a veces respiran”. Este verso del tiempo inquieta porque sugiere que incluso aquello que creíamos fijo o medible también respira, cambia , o incluso miente. Si el tiempo respira, entonces podría morir o enfermar. La realidad se vuelve aún más inestable.
    .”Cada crujido es un idioma sin dios / ni gramática” es uno de los versos más potentes: aquí el lenguaje se convierte en puro ruido, en expresión sin sistema. Es la voz del caos, de la naturaleza sin mediación humana. La luna, que tradicionalmente representa la intuición, lo femenino, lo cíclico, aparece como una figura que “mastica conchas vacías”, procesando lo que queda del mundo físico en busca de un mensaje que ya no tiene un emisor ni un receptor claros.Uno de los momentos más conmovedores y filosóficamente cargados es la pregunta:
    “¿cuánto pesa un adiós que no ha nacido?”
    Aquí el poema se adentra en la nostalgia anticipada, en el duelo por lo que nunca fue. Es el dolor de las posibilidades truncadas, de las despedidas que aún no han ocurrido, pero que ya se sienten. Se abre un espacio para la melancolía existencial: el sufrimiento por lo irrealizado.
    Y por último, el poema cierra con una escena que sintetiza todo su espíritu:
    “pero tú, tú sigues tratando de traducir el parpadeo / de una roca que jamás aprendió a cerrarse.”
    Estq parte puede leerse como una crítica a la obsesión humana por encontrar sentido en lo inerte, natural o en lo que simplemente “es”. La roca no parpadea, ni tiene lenguaje,
    Este poema me recuerda a los tradiciónal de la poesía filosófica y surrealista de poetas como César Vallejo, Alejandra Pizarnik o Arthur Rimbaud. Su fuerza no está en ofrecer respuestas, sino en abrir heridas conceptuales, en mostrar la fragilidad de todo sistema de sentido.
    Para mí fue un poema que nos invita a aceptar el misterio o a dejar de traducir el parpadeo de lo inerte y a habitar el silencio que queda cuando el eco se queda en uno mismo.

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