El disfraz de mi amada. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

En noches, ronronea suave,

camina en calma sobre mi espalda.

Recorre mí piel quemada y la araña,

maúlla nombres de otros hombres.

Supongo celo y salimos a mirar la luna:

era enorme, ceniza, redonda y pálida.

Cuando la gata se va entre saltos y trinos,

mi amada vuelve, con arena en los pies.

Regresa húmeda, relamida de sal y espuma,

tan atroz como siempre, sin fingir la sonrisa.

Sé -y confieso- que pronto extrañaré a su otra,

a esa fiera, la gata bárbara que gruñe.

Así, en la bahía, espero nuevas lunas,

mientras la costa enciende sus luces.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Ilustración: Autorretrato con gato. Ernst Ludwig Kirchner.

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