¿Por qué el Padre se deleita en el derramamiento de sangre y su olor? ¿Por qué el Espíritu Santo encuentra su gozo en el aceite de la unción? ¿Por qué el Hijo se entretiene con el agua, puede transformarla en vino o sólo caminar sobre ella?
Pareciera que el elemento de la naturaleza que fluye es el óptimo para la deidad, el fluir permite llegar a cada rincón, llenar todos los espacios. Fluir también es liberar porque el agua se escurre entre las manos. A los reyes y los profetas de Israel les fue derramado el aceite de la unción, desde su cabeza el aceite descendía cubriéndolo todo. Dice la escritura que la vida está en la sangre, nuestra sangre fluye y llena hasta el más pequeño rincón de nuestro cuerpo: todo en nuestro cuerpo es vida.
El 60% del ser humano es agua, necesitamos el agua para vivir. ¿Será que el deleite, el gozo y el entretenimiento de las deidades se resumen en la vida del ser humano?
Fabián González.
Ilustración: Jacob Jordaens. The Four Evangelists. 1620.

