Esmero al silencio. Víctor Hugo Ávila Velázquez.
Escuché como las palabras entraban en mis oídos, pero no sucedía el aliento, le dije suspiro a la memoria. Después observaba los libros y leía algunas palabras, palabras dadas a la casualidad, una por una, entonces surgía la seducción. La ceguera era de afuera hacia adentro, el contenido imaginario se extendía, pero se veía su









