Por esto me dejó de gustar mi carrera universitaria: somos los culpables de vender aspiraciones estúpidas, a gente con un «gran reflujo» por «la acidez» que le ocasiona tanto «buffet» de sociedad; gente vacía, que buscan llenar sus «huecos» o calmar «la acidez» al tragarse «los antiácidos» que los mercadólogos inventamos, con ese mal llamado «valor agregado», este se sustenta en la fantasía, somos el mago de oz, y tú un espectador que se traga esas quimeras; y lo más triste es que «lo veo y me aprovecho de ello», conocemos (o tratamos de conocer) tus miedos, tus gustos, tus necesidades y aspiraciones; no vendemos productos y servicios, vendemos «idealizaciones» con base en tus necesidades, tus carencias, gustos y creencias, a las aspiraciones de tu poca autoestima y personalidad, de tu pobre habilidad de preguntarte cosas, de dudar de la «realidad» más próxima. De esta manera sucumbes al consumismo, diciendo, casi defendiendo, que cubres «una necesidad» que ni siquiera sabes explicar y todo por no querer aceptar que no es necesidad, es capricho, es vanidad de querer que la sociedad te vea como tu ego quiere ser visto.
El marketing político es el que más asco me da, pues ahí vendes la idea de un contendiente, y no a la persona tal cual; ya hemos visto que los políticos que han ganado gracias a la campaña electoral no eran la mejor opción que nos vendían.
¿Qué hay detrás de cada mensaje de marketing? Depende del valor que se quiera transmitir, pero lo más común que se busca es persuadir con conceptos del «cerebro reptiliano»: felicidad, placer, seguridad, trascendencia, logros, autorrealización y poder o dominación, entre otros. Valores muy comunes en los que piensa la gente, por eso son tan eficaces para venderlos. Un par de ejemplos para que me entiendas:
— «Destapa la felicidad». (Coca cola, felicidad).
—«Pega de locura». (Kola loka, seguridad).
—«A que no puedes comer solo una» (Sabritas, placer).
—«La gente buena no se tatúa» (Martín del Campo, pertenencia: aceptación social. Incluso podemos hablar de poder y control, una total imposición de una interpretación de “lo bueno”).
Francisco González.
Ilustración: Puesto de carne con la Sagrada Familia dando limosna. Pieter Aertsen.

