De Malpaso al paso. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Ayer, de entre peñascos, polvos y soles, un anciano con piernas tambaleantes flaqueaba mientras bajaba una cuestita con su andadera. El peligro de caer, de resbalarse entre la tierra suelta parecía no habitar en él, y sin más, lo logró. Nos saludó al paso sin dejar de mirar su camino. Vimos que traía en su arpiña algunas latas vacías, juntamos las que teníamos y se las dimos sin aplastar, eso no supe por qué, pero así fue. Le pregunté que, si su andadera estaba maciza para andar sobre estas áridas costas de presa, me dijo que no, que aquí se llama Malpaso y eso ya era mucho decir, que por eso era de andar con cuidado, que sus llantas ya se estaban rajando, que el agua y el sol las curten rápido y que no tardaba la represa en cobrar algo. Qué cobra le pregunté, él me dijo y sin mirarme, que cobra feo por mantener el agua quieta, bien quietecita. Yo miré la presa y el viejo se había sentado en su andadera, echó un vistazo a su arpiña y luego me señaló algún horizonte, me dijo que él, algunos años atrás había dado el mal paso, le tocó pagar la cuota a él: Pues me caí, desde arriba hasta abajo, no sé, pisé mal a una piedra, o ella se alzó de la tierra para que me tropezara, ya después: la caída, una caída que nunca acaba, mi cuerpo chocaba entre peñas, mira, la piel se me abría y hasta mis costillas iban arañando a los troncos, así como garras de puma, gruesas y grandotas, eso sí, mi cuerpo aguantaba cada golpe, estaba recio en ese entonces, ah y mi cabeza: ni un rasguño, me la cubrí con mis brazos, pero mis piernas no hicieron nada al bajar, yo creo que ya iban rotas desde el primer porrazo. Y ahí tienes: tornillos en la cadera, tornillos aquí y acá, hasta clavos en las piernas y pies como Jesucristo. Me miró con una sonrisa y se la devolví. Pero así me voy, poco a poquito, me voy por la orilla del agua, juntando las latas de los muchachos, ya que el sol esté bajito, pero no tanto que luego no veo. ¿A dónde va el agua? pregunté, allá atrás de esas tres piedras, ahí avientan el agua, hacia los aguacates, hacia a las guayabas.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Ilustración: Agua. Adriaen Collaert.

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