Se asoma la vejez a contraluz sobre los cabellos a la hora gold de las seis de la tarde.
Han vuelto a crecer los dos hilos grises y deshilachados, que arranque con la misma fuerza de un berrinche de una niña de dos años.
Vivo en la serenidad de la rendición de no querer dibujar más mis cabellos, y de haber terminado de contar los días para sacar a alguien de las entrañas, las propuestas se comieron sin piedad a la fe y no hay peor veneno que llevar a cuestas un collar de huesos de nostalgia.
Los suspiros juveniles me hacen sentir que moriré siempre bella, sin embargo, la estela de mi amor proviene de los ojos profundos de aquel hombre Victoriano, sí, el antiguo, el que me he topado en todas mis vidas, el que ama lo peor de mí, el que no me abandona, el puro, mi acompañante de cama, mi transmutación a la generosidad y mi gran amigo.
Todo pensamiento regresará al núcleo, multiplicado por tres, ambivalente como un adolescente colérico o maduro como un monje tibetano, ya esa elección es muy personal.
Construí mi propio palacio amurallado e inimitable desde un trinchera que se ha pintado con años de la verdad, nadie es nada para leer la mente de los demás, ni existen habilidades chamánico intelectuales para describirlo.
Hoy por hoy, no hay más que temer.
Melina Aldana.
Ilustración: Jean-Léon Gérôme. Phryne revealed before the Areopagus. 1861.