Antes de acceder a hacer algo con alguien, hay que tener muy claro lo que vamos a dar… y, sobre todo, lo que vamos a recibir.
Hace mucho tiempo, tenía un par de amigos, uno de ellos vendía cajas de madera decoradas para diferentes usos, pero perdía mucho tiempo en hacerlas, tomando en cuenta que lo que las hacía diferentes o especiales era la decoración, tenía que encontrar más tiempo para eso. Así que le pidió a mi otro amigo que fabricara las cajas, él le daría todos los materiales para que él solo las fabricara y así él podría dedicar todo su tiempo en decorarlas y hacer mejores acabados. La amistad entre estos dos era tan grande, que cuando el primero se lo pidió al otro, nunca acordaron el pago. El que fabricaría las cajas necesitaba el trabajo y el otro lo sabía, así que en ese momento no consideraron “necesario” hablar de eso… Oh, error.
Pasado el tiempo, el fabricante, ya tenía 30 cajas para entregar y me comentó: “Yo, por este trabajo, espero que mínimo me de unos cinco mil varos, él les va a sacar mucho más que eso y la neta, si me llevé buena friega”. Más tarde me topé al otro amigo y me dijo: “Me aviso “este” que ya tiene las cajas, me acompañas para pasar por ellas y sirve de que se las pago, deja checar si traigo los dos mil que le voy a dar”.
Cuando dijo eso, me salió una risa desde el fondo de mi ser. Se me quedó viendo raro y me dice: “¿Por qué te ríes?” y le digo: “No, por nada. Sólo espero estar presente cuando se los des”.
Esto es tan importante, que no creo que yo lo esté diciendo. Siempre, creemos saber lo que el otro debe aceptar, porque es lo “legal”, lo “lógico” o lo “justo”.
“La voy a llevar a cenar a un gran restaurante, vamos a ir al concierto, le voy a llevar flores y le compré su perfume favorito… LO MENOS QUE ESPERO, es que me las dé”. “Si, él sale mucho con sus amigos y a fiestas, le gusta mucho tomar y es un gastalón de primera, pero YO ESPERO que cuando nos casemos, ya no salga tanto, ni tome, ni gaste, ÉL DEBE de entender que ya no puede ser igual que antes”. Luego está el jefe que dice: “Acaba de entrar a trabajar y hay mucho trabajo, YO ESPERARÍA que mínimo se quede dos horas más de la hora de su salida” (Aunque en ese caso lo mejor es tener un contrato donde se indique hora de entrada y de salida, porque un jefe siempre espera “algo más”)
No, no, no. No. En ninguno de los anteriores ejemplos, no. Tú piensas que eso es lo que sigue, lo “lógico”, pero no es así. Todos nos brincamos los acuerdos, porque son incómodos, porque “están de más”, “porque entre familia, pareja o amigos, NO deberían de existir”, pero no es verdad. Son necesarios, son la base de una buena relación, creemos que esto solo lo tenemos que hacer con el fontanero, con el mecánico, el doctor (claro, cuando es un desconocido, porque cuando es un conocido, aplicamos la misma regla del “yo creo que”). Hacer acuerdos, nos va a dar la tranquilidad de irnos a descansar sabiendo lo que esperamos de los demás y esperan de nosotros. Cuántas, cuántas malas experiencias (por decir lo menos) se pudieron haber evitado con un simple acuerdo.
Armando Castro Contreras.
Ilustración: Nicolas de Platte Montagne en Jean-Baptiste de Champaigne. Zelfportret van beide kunstenaars. 1654.

