No sólo por su ligereza al andar ni por la gracia con la que se mueve entre las tareas del día, sino porque siempre vuelve. Vuelve con amor, con manos cansadas pero tiernas, con la mirada llena de horizonte.
Como las golondrinas que cruzan cielos infinitos para buscar un nido, ella recorre distancias de trabajo, esfuerzo y silencios largos… pero siempre regresa a mí con el corazón intacto, con el pecho lleno de cantos y la ternura hecha alas.
Mi mamá es una golondrina porque sabe construir hogar donde otros solo ven ramas. Porque hace del viento su aliado y de cada tempestad una historia que se sobrevive con coraje.
Tiene el alma viajera y el instinto de quien cuida. Y aunque el mundo a veces sea inhóspito o injusto, ella nunca deja de volar. Nunca deja de creer.
Por eso, cuando la veo, sé que estoy a salvo. Porque mientras existan golondrinas como ella, habrá primaveras, refugios y esperanza.
Max Palomino.
Ilustración: Lavinia Fontana_Portrait of Bianca degli Utili Maselli, wife of Pierino Maselli, with six of her children. 1603.
