Martha partió a la edad de 61 años, fue una mujer muy desdichada en vida, hija, madre y esposa Martha estaba harta de su suerte, pareciera que los astros se pusieron de acuerdo para escribir en su carta astral una serie de eventos caóticos que experimentaría a lo largo de su vida. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a que su desgracia fuera la gracia de esos planetas. Lloró, imploró al cielo y al Creador que cambiara su suerte, ese designio adverso que se interponía entre ella y su felicidad. Martha había escuchado a un anciano sabio que cuando uno se cambia el nombre se transforma en una nueva persona, según el nuevo significado.
Mirando al cielo, a las estrellas y a los señores astros les gritó que ella no sería más Martha que ahora se llamaría María, pensando que por ser la madre del Salvador sería bendita, sin embargo, los planetas que reinaban en ese tiempo la bóveda celeste no le prestaron la más mínima atención, Martha furiosa regresó a casa sin percatarse de un detalle bíblico que, para poder cambiar su nombre, el secreto no estaba en gritar sino en pelear con un ángel con autoridad para obrar dicho cambio. Toda la noche lloró, solo su almohada sabe cuántas lágrimas derramó, los cielos se conmovieron ante su llanto, las cortes celestiales cuestionaron al Creador, quizá negociaron con Él, porque lo que ocurrió al día siguiente dejó atónitos a todos….
Martha se levantó muy de mañana, se enjugó la cara, hizo sus plegarias matutinas, el olor a rocío la embriagó, un pensamiento de amor propio se apoderó de ella, comenzó a contar cuán dichosa era de poder abrir los ojos, de poder oler la mañana fresca, de sentir en lo profundo de su ser esa sensación de paz, lo que la llevó a replantearse toda su vida. Entendió que no todo lo que le pasaba era malo, que detrás de todo existía un propósito, que todas las personas que se cruzaban por su camino le enseñaban una lección. Martha entendió que los procesos de Dios son perfectos. El día que estaba decretado partir, Martha pronunció muy orgullosa su nombre y se entregó al Creador llena de felicidad. Dicen los sabios en el Talmud que cuando una persona feliz parte su vida es quitada como un cabello de un vaso de leche.
Fabián González.
Ilustración: Edmund Blair Leighton. In Time of Peril. 1897.
