Para Irasema y Socorro.
En la esquina más estoica de mi pensamiento, me detengo, medito y suspiro, ahí estás tú y está ella. Recuerdo aquel día que viajamos a los ojos de agua de azufre, en Comanjilla, donde había mujeres con cabellos sueltos, largos, negros y grises, desnudas de la cintura para arriba, con los senos al aire, lavaban sus ropas y también se lavaban a ellas mismas, el agua humeaba y sus pieles se tornaban de un rosa fuerte a un rojo profundo, el olor elevado de azufre hizo que me hablaras del purgatorio y de la expiación del alma; juntas ese día cerramos nuestro ciclo constelar.
Regresando a ella, había algo especial que las mimetizaba, fueron adultas, pero su corazón jamás se endureció ni envejeció. Ahora comprendo que hay más que sangre para forjar lazos profundos, ustedes me hicieron sentir refugio y paz.
Algo dentro de mí se estruja porque la ausencia vuelve a pronunciarse. Ya no se encuentran en este plano terrenal y algunos preguntan por qué estuve ahí, acompañándolas en su travesía para cruzar ese puente. Es difícil comprender que lo que se da, bueno o malo, a veces no regresa de manera tangible, pero siempre vuelve de distintas formas.
Hoy por hoy, cada cosa me recuerda una parte suya, entre ellas las flores.
Melina Aldana.
Ilustración: Garden Cats. 2016. Autor desconocido.

