Cosmogonía. Diego Estrada Gutiérrez.
… incluso unas bestias descerebradas que se movían con una lentitud y desinterés…
… incluso unas bestias descerebradas que se movían con una lentitud y desinterés…
Estoico me encuentro mirando el horizonte, perdido entre la maleza, tratando de limpiar mi cara con la brisa que me salpica, desnudándome el alma para purificarla; y volver a comenzar, tomar la tierra casi hecha lodo como un bautismo de este nuevo inicio, solo, suspirando, repentinamente presionando los dientes de coraje, para después cegarme con
Dejé de mirar atrás para no convertirme en sal y escogí permanecer en la mitad del corazón que dejaste, porque nado entre olas de miel que impregnan mi piel y la parte de mi corazón que te llevaste espero que te traiga la paz que en vida siempre buscaste, porque ese es tu espejo, espejo
Inhalo y te acaricio, mientras tú, suspiras de la noche, del viento fresco que atraviesa la ventana sin permiso, levanto tu rostro y concentro mi mirada casi nula por la falta de luz y pobremente nítida por el maldito astigmatismo que siempre me ha aquejado, tratando de imaginar tu mirada penetrante, tus ojos tan cafés
Soy hija de una bruja. No, no es broma ni lo digo porque mi madre sea malvada y fea como las brujas antagonistas que aparecen en los cuentos de Andersen y Grimm. Mi madre es hermosa y bondadosa. Y es una bruja. Me consta. Ella cree que guarda bien el secreto pero yo la descubrí.
I -¿Qué quieres, viejo?… Varias veces cayó la pregunta de lo alto de los andamios. Pero el viejo no respondía. Andaba de un lugar a otro, fisgoneando, sacándose de la garganta un largo monólogo de frases incomprensibles. Ya habían descendido las tejas, cubriendo los canteros muertos con su mosaico de barro cocido. Arriba, los
La noche era silenciosa al volver a casa, se respira un aire húmedo, llegué, abrí la puerta, entré y me desplomé en mi sillón, busco mis cigarrillos en el bolsillo del pantalón, lo enciendo acostado mirando al techo, los grillos comienzan a entablar su sinfónica, mi mascota, una gato gris se recuesta en mi estómago,
Lo he definido como la náusea, y esta tarde la sentí mientras bajaba por las escaleras, fue por un instante, al último escalón todo había desaparecido, el momento de los suicidas había pasado. Pablo Jara. *Sunset. Camille Pissarro. 1872.
¡No amenaces, vida! Tengo miedo pero no pretendas secar mis manos. No me hagas polvo. Mi vínculo es fuerte pero a mi corazón le hace falta calor. Lloraré sobre el barro que está duro en mis manos para que se remoje y se disuelva mi temor. ¡Mira! Ya siento el sol. Cecilia Ávila Velázquez.
Miestras lees, escucha aquí. El año era 1960, caminaba desolado por las calles de París. Mi más fiel compañera era la rata de alcantarilla que me seguía desde la Rue Saint-Martin. La lluvia constante y el fango en mis zapatos, hicieron imposible que regresara a mi apartamento, entré en un café; pedí un poco de
Summertime, Charlie Parker. Diego Estrada Gutiérrez. Leer más »