Los Aminarios son seres multiformes; a veces bípedos, pero no siempre; sus dimensiones son tan variadas como lo pueden ser sus colores (se registran 11.3 millones de coloraciones -algunas no distinguibles por el ojo humano-); pueden ser del género animal-persona, persona-cosa, animal-animal, animal-cosa y cosa-cosa.
Como sabemos, los aminarios cumplen su rol como especie acompañando a los humanos durante sus primeros años de formación. El cachorro de humano es instruido por uno o más aminarios quienes le enseñan a parpadear rítmicamente, reconocer el olor a lluvia, los colores y, sobre todo, a hablar. Se dice que la mayoría de las palabras fueron inventadas por los ellos.
Físicamente los humanos solo somos capaces de ver y percibir con nuestros sentidos a los aminarios que nacen el mismo día y a la misma hora que cada uno de nosotros, lo que ha hecho que estrechar lazos con esta especie sea una tarea total y absolutamente personal. Sin embargo, el lazo resulta en amistad el 100% de los casos, según los datos recopilados.
Cuando los aminarios cumplen su misión, se convierten en palabras; las podemos ver en libros, o en canciones, señales de carretera, carteles de conciertos y declaraciones de impuestos.
Fueron descritos por mitos occidentales como “amigos imaginarios” pero quien aún recuerda sus conversaciones, sabe que no les gusta que les digan imaginarios.
Erika Matzayani.
Ilustración: Franco Matticchio.
