Llevo conmigo una soledad que ni siquiera es mía.
Una soledad que me acompaña día a día,
no es mía, ni siquiera sé si es mi amiga
pero me abraza con amor y sabiduría.
Sé que podré dejarle algún día
aunque me cuesta la vida,
mientras tanto voy a hacerle mi compañía
mi amiga y mi alegría.
Llevo una soledad que no es mía y hoy le grito a mi madre,
a mi tía o a mi abuela, a mi bisabuela o quien sea…
Yo te voy a sanar y voy a cerrar esa herida
Aunque esté a mitad de mi caída.
La que nunca muere.
Ilustración: The Great Day of His Wrath, 1853. John Martin.
