He llegado a esta ciudad hace poco y, en el poco tiempo que llevo aquí, me he permitido pensar más en lo viejo que soy. O quizá en lo viejo que otros dicen que soy.
Desde joven escuché algo parecido. Comentarios insistentes sobre las apariencias.
Lo decían familiares, amigos y personas que apenas me conocían.
—Pareces mayor.
Durante años lo tomé como una especie de reconocimiento.
Parecer mayor significaba que confiaban en mí para ciertas responsabilidades, para entrar a nuevos lugares, para intentar cosas que quizá otros todavía no podían o no querían hacer.
De alguna manera, esa mirada me ayudó. Y si soy honesto, todavía lo hace.
Sin embargo, desde que llegué a esta ciudad ha vuelto a ocurrir algo parecido.
La gente me llama viejo.
Y la verdad es que no termino de entender por qué.
Algunos dicen que es por mi manera de caminar.
Otros, por la forma en que hablo.
No sé si es por el camino que he recorrido o por la manera en que lo cuento.
No sé si son mis ojeras, tan grandes como ciertas noches que todavía cargo conmigo.
No sé si son los pasos que doy.
Porque cuando miro hacia atrás y observo lo recorrido, a veces tampoco estoy seguro de haber sido yo quien los caminó.
Hay recuerdos que me parecen cercanos y otros que pertenecen a la vida de alguien más.
Por momentos me siento viejo.
Viejo por las despedidas.
Viejo por los errores.
Viejo por las personas que ya no están.
Pero también me siento como un joven recién salido de casa.
Como alguien que todavía está aprendiendo a habitar el mundo.
Como alguien que sigue llegando por primera vez a muchos lugares.
Y entonces aparece la pregunta.
¿Qué es realmente ser viejo?
¿Qué me truenen las rodillas al levantarse?
¿Qué uno ya no salga hasta tan tarde?
¿O haber aprendido algo de la imprudencia?
¿Es acumular años?
¿O acumular pérdidas?
¿Es cansarse más rápido?
¿O empezar a comprender cosas que antes parecían imposibles de entender?
Y entonces surge otra duda.
¿Qué es ser joven?
¿Actuar sin malicia?
¿Conservar la capacidad de asombro intacta?
¿Qué la quincena apenas alcance para pagar el alquiler?
¿Seguir creyendo que todavía queda algo por descubrir?
¿Seguir haciendo preguntas para las que no existen respuestas?
Este extraño mundo de joven-viejo o de viejo-joven me acompaña desde hace tiempo.
A veces siento que he vivido demasiado.
Otras veces siento que apenas estoy llegando.
No sé si me hace sentir más joven o más viejo.
Lo único que sé es que todavía hay una parte de mí que mira hacia adelante con curiosidad.
Y mientras eso ocurra, sospecho que ninguna edad terminará de pertenecerme por completo.
Miguel Alfaro. ALGO.
Ilustración: Rembrandt Harmensz van Rijn. Autorretrato, 1630.

