Hoy desperté e hice algo distinto.
Siempre despierto, enciendo la luz,
me baño y me hundo en la miseria.
Pero hoy… algo cambió.
Desperté y dejé la luz dormida,
me deslicé en la penumbra del agua,
sin el golpe cruel del brillo,
sin la prisa ardiendo en la piel.
Por un instante todo fue distinto,
sin ruido, sin sombras afiladas,
sólo el agua y yo,
flotando en la ausencia de urgencias.
Pero luego encendí la luz.
El agua tembló, se cortó de golpe.
El silencio se quebró, y como siempre,
me hundí en la miseria.
Emilio Cabral.
Ilustración: El farolero. Óleo del pintor Erik Henningsen. 1902.